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¿POR QUÉ CREEMOS EN EL CONOCIMIENTO?

 “ Lo único que la mente tiene presente son   las percepciones, y es imposible que obtenga ninguna experiencia de su conexión con los objetos. Por lo tanto, la suposición de una tal conexión no se funda en la razón“

El desarrollo de la teoría del conocimiento en Hume se plantea a través de un análisis genético, realizando una disección sistemática de las actividades y facultades de nuestra mente, su estudio es descriptivo más que teórico.

El desarrollo de la   teoría del conocimiento en  Hume se plantea a   través de un   análisis  genético, realizando una disección sistemática  de las  actividades y facultades de nuestra   mente,  su  estudio  es descriptivo más que teórico.

La génesis de   la estructura del conocimiento en  Hume,   está  en la percepción como lo único que está presente en la  mente.  Las  percepciones las conforman las   impresiones e ideas; ambas se  diferencian por su grado  de fuerza o vivacidad. En las impresiones este   grado es más   intenso que en el de las ideas; las impresiones pueden ser a su vez de la  sensación o de la  reflexión. La  sensación tiene la ventaja de que sus  impresiones son originales; las de la  reflexión, son copias de la  sensación.

Constituyen para Hume las impresiones y las  ideas,  los elementos del conocimiento que se unen  o  vinculan  mediante relaciones, permitiendo la conexión entre ideas e impresiones; y es por esta asociación como abordamos el mundo exterior, apoyados  por la imaginación como reguladora y   sus  principios universales de asociación de las  ideas:   semejanza, contigüidad, causas  y efecto.

La tercera  parte del  tratado de la  naturaleza humana, se ocupa del conocimiento y de la  probabilidad. Comienza con las relaciones filosóficas:  semejanza, contrariedad u oposición, grados de cualidad, proporciones en cantidad y número, identidad de relaciones en tiempo y lugar y causalidad.

Las  cuatro  primeras  relaciones  dependen de las  ideas y son la base del conocimiento. Las tres restantes relaciones:   identidad, proporciones en tiempo, lugar, causas y efecto, no dependen de las ideas  y son  independientes de  que el objeto esté o no presente; sólo tienen aplicación dentro del conocimiento como probables en términos de investigación  científica.

Existen para Hume siete relaciones filosóficas propiamente dichas en el  tratado. En las   investigaciones  sólo se requiere de tres para  fundamentar su argumento acerca de las cuestiones de hecho (lo real).

Apoyado Hume en  los  elementos enumerados  y en  las relaciones, divide los objetos del conocimiento en dos:   Relaciones de ideas y cuestiones  de hecho. A  las relaciones de ideas pertenecen  la aritmética, el álgebra  y la  geometría.  Tienen la regularidad de una ciencia formal, certeza perfecta y necesidad. No le reconoce a  la geometría la perfección que tiene la aritmética, porque sus principios están extraídos de la apariencia general de los  objetos; agrega  que las  afirmaciones de estas  ciencias son intuitivas y demostrativamente ciertas.

«Que el cuadrado de la hipotenusa es igual al cuadrado de los  dos lados, es una relación de figuras.  Que tres veces  cinco es igual a  la mitad de treinta, es una  relación  de  números.» [2]  

Estas proposiciones pueden descubrirse por  demostración o por mera operación del pensamiento, sin depender de lo existente, no admiten contradicción; si la contradicción existiera, no la pudiéramos concebir. Ahí radica  su certeza  y necesidad.

“Aunque no hubiera en la naturaleza jamás un círculo o un triángulo las verdades demostradas por  Euclides  conservarán su certeza o evidencia” [3]

Las cuestiones de hecho   (mundo  de los hechos y de las cosas),   objeto de las ciencias empíricas  (Biología, Química, Física),  ciencias sociales, es decir, filosofía natural y la  del hombre de la calle, producto  de la observación y la experiencia, admiten su  contrario, son probables y no  caen en el campo de la demostración.  La experiencia las confirma y las libera de su incertidumbre.

La certeza de las cuestiones de hecho, no dependen de la  intuición intelectual en el sentido Cartesiano, no son conceptos. Es una certeza que está bajo la relación causa y efecto, siendo la fuente del conocimiento en Hume.  “ Es evidente que todos nuestros razonamientos concernientes a las cuestiones de hecho están fundados en la relación causa y efecto, y que nosotros no podemos inferir la existencia de un objeto a partir de otro a  no ser que ambos estén en conexión”.[4]

El enfoque de  Hume no es ontológico , sino gnoseológico: no se trata del ser, si no del conocer. Es de la relación empírica que Hume habla, a él no le interesa la  relación de causalidad del ser o causalidad aristotélica (causalidad metafísica).   Esta causalidad está condenada a la hoguera.

“Si procediéramos a revisar las bibliotecas convencidos de estos principios ¡qué estragos haríamos¡ si cogemos cualquier volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo preguntemos ¿contiene algún razonamiento abstracto sobre cantidad y el número?  No.  ¿Contiene algún  razonamiento experimental  acerca de las cuestiones de hecho o existencia ? No. Tírese entonces a las llamas, pues no contiene más que sofistería  e   ilusión”.[5]

Con la relación natural llegamos a las cuestiones de hecho, a  la experiencia, razonamos por pruebas y  probabilidades sujetas a la  experiencia y a la observación.

EL HABITO DE LA CAUSA

Representa para Hume la    columna vertebral de su  teoría del conocimiento, sólo esta relación produce  la conexión de un objeto con otro en la experiencia.   La causalidad como relación tiene un doble carácter  como: relación filosófica y relación  natural.   La  causalidad como relación  de comparación   y la causalidad  como  asociación, respectivamente.   Si tomamos 5 + 7 =12,  independientemente  comparamos el 5 + 7 como causas y el 12 como efecto y no obtenemos sucesión, la actividad mental es simultánea, no inferimos la idea de  uno de  los términos y luego la  del otro, pudiéramos hacerlo a la inversa.  Esta relación tiene certeza  y necesidad, es una relación filosófica, ambas ideas están presentes, sólo las comparamos.

Por otra parte, si observamos el relámpago y el trueno,  existe sucesión y nuestra  imaginación lo presenta  como asociación. Es ésta una relación natural  causal producto  de la  asociación  de  nuestras  impresiones.  Es por la idea de relámpago  como causa que por asociación  inferimos un efecto, en  este  caso el  trueno,  carácter  de la relación  natural para llevarnos  más  allá de las impresiones apoyados  en  la observación .

Fuego  y humo  son dos hechos de los cuales  tenemos impresiones: los podemos ver, sentir. No existe nada  en las impresiones ni  en sus  ideas (como copias de impresiones) que   nos lleve  a la  idea   de causa   y efecto, por   más  que escudriñemos no  hay   ninguna cualidad a título de impresión que nos  dé la    relación   causada.     Al   compararlos, hallamos que son  contiguos  y temporales (el fuego precede      al  humo). Sólo  contigüidad  y prioridad  (sucesión)  hallo en la comparación, nada más.   Estas son condiciones de la causalidad, pero falta algo, algo que me permita  asociarlo,   una  “Conexión necesaria” entre ambos hechos,  para que yo pueda inferir  el uno del otro;  porque dos objetos  pueden  ser contiguos y temporales sin existir entre ellos relación causal.

“La única conexión o relación de objetos que puede llevarlos más allá de las impresiones  inmediatas de nuestra memoria y sentidos, es la de causa y el efecto.  Y esto se debe  a  que  es la única en que podemos basar una correcta   inferencia de   un objeto  a otro”    [6]

Si la relación de comparación sólo me da contigüidad  y sucesión, es la relación natural  (de la cual se deriva la experiencia)  la que me da la  asociación  o conexión de los hechos. Es una necesidad causal que  no la inferimos sino por observación y experiencia, no se obtiene por intuición ni por demostración, no es “a priori” es próxima o remota, es directa o colateral.

Hume se pregunta porqué  causas particulares deben tener efectos   particulares?. Dónde encontramos las pruebas y probabilidades necesarias en el conocer de las cuestiones de hecho, con las cuales se funda o argumenta el razonamiento causal? “En qué consiste  nuestra idea  de necesidad cuando decimos qué objetos   necesariamente  están conectados entre sí”  [7]

Recordemos que  en   la primera parte del  tratado  nos dimos cuenta de que nuestras impresiones son de la reflexión  o de los  sentidos, y que  nuestras ideas son copias   de estas impresiones. La  experiencia  nos lleva más  allá  de los  objetos  que tenemos o recordamos  e incluso, nos inclina al  seguimiento de  una serie  causal   para buscar  la  residencia de la  primera  impresión de la  causa.

Sólo en la experiencia o en la  avivación de  ella, encontramos la   asociación del  fuego y del  humo. Esta asociación la hemos vivido, experimentado repetidamente, y es gracias a la continuidad  y sucesión por la que conjuntamos, producto  de nuestra experiencia de  su conjunción; experiencia que nos permite  inferir un objeto del otro, la causa, el efecto.  

Esta inferencia la realizamos por el dinamismo  asociativo  de la imaginación, ella suple “el otro” de la relación cuando sólo contamos con la presencia de uno; paso que está  dado por las relaciones de  los principios que asocian las ideas, unificándolas en la imaginación y determinando en la mente el carácter de necesidad, por la repetición  habitual, cuando aparece uno de los objetos en  la mente. “Los objetos  tienen  que estar conectados entre sí  o no estarlo”. Lo contrario sería azar.

La idea de conexión necesaria no es demostrable, es una actividad de la mente, una especie de instituto natural producido por la impresión de ver los objetos o hechos  unidos con su  acompañante habitual. La experiencia nos informa de la repetición. La razón está incapacitada para  demostrar esta relación.   Constituye, entonces, la   observación  de la  repetición   dentro  de la sucesión de la experiencia, la que nos proporciona seguridad  y confianza para establecer pruebas y probabilidades  de que el futuro será como el pasado, que el fuego es la causa del humo. Esto sólo es posible por el  hábito y la costumbre: “Es imposible, por tanto que los argumentos de la experiencia puedan demostrar la semejanza del pasado con el futuro”.[8]    No se puede establecer una inferencia  lógica, sino psicológica,  es la costumbre la que nos determina a creer que el futuro va ser igual que el pasado.

Hume ha  planteado uno de los objetos de discusión  y estudio más álgidos e  importantes de la filosofía de la  ciencia, la inferencia inductiva:

“Porque partiendo de esta experiencia establecemos una conclusión  que va más   allá de los  casos    pasados   de que tenemos experiencia”[9].  En otras  palabras, por qué  establecemos esta semejanza de lo que  sucede en algunos, debe pasar en todos?.   Por  qué   a  partir de un  presente apoyado en el pasado  empezamos a construir el futuro?.

Qué me lo asegura?. Si la experiencia sólo me da contigüidad, sucesión y conjunción   constante.

Hume le da a esta pregunta una respuesta psicológica. Creemos en el futuro porque el pasado colabora con el presente  mediante el hábito y la  costumbre y nos induce a creer  que el futuro es igual al pasado.

Son el  hábito y la costumbre quienes generan el  sentimiento de creencia, conformando una guía para la vida humana.  Son un instinto natural y sin  él los hombres y los  animales no hubieran podido subsistir.

 “Del mismo modo que la naturaleza nos ha enseñado el uso de nuestros miembros sin darnos  conocimiento de los músculos y de los nervios por lo que son puestos en acción, así también ha implantado en nosotros un instinto que impulsa   nuestro pensamiento en un proceso  que guarda correspondencia con el que ha establecido con los objetos externos”[10]  

El mundo real es el escenario.  Nosotros somos los actores y  la  relación   causa efecto es el  libreto. Sin tal libreto no podríamos dar razón de la realidad que  nos proporciona ideas que hacen parte de la creencia.

Existe una diferencia entre la aprehensión de la  existencia de un objeto y la creencia en él; la diferencia se encuentra en el modo de concebirlos.   

Cuando un amigo nos informa de algo y no estamos de   acuerdo  con su informe, concebimos su  incertidumbre  de acuerdo a la  fuerza y a la vivacidad y se asocia y  relaciona   con  la   impresión que de él tenemos en el presente; creemos en él.

Consiste pues, el modo de concebirlo  de acuerdo a la  vivacidad  y fuerza de las ideas de nuestro relator, donde su mensaje lo asociamos con nuestra impresión  presente y  adquiere realidad, realidad que nos  induce a creer.

Característica ésta donde la  ficción se distingue de la creencia. La creencia es una  operación inevitable del alma, la   sentimos todos, es  una afección, no es voluntaria,  nace de nuestra naturaleza y por esta afección creemos:»Que los casos de los cuales no hemos tenido ninguna experiencia se  asemejan a aquellos de los que hemos tenido experiencias” [11]

Hume ha lanzado la pelota, dándole una explicación psicológica  a la inducción y por ende, desconoce de plano la existencia demostrativa de la causalidad, la reduce completamente a cuestiones de hecho.    

Cuando una causa no  la  podemos explicar, como en  el   juego   de dados,  opinamos que se debe al  azar.

El azar es la imposibilidad  de explicar una causa, el azar es neutral; considera las mismas alternativas en los  eventos. Cuando las alternativas en el juego de dados se inclinan siempre a un resultado, el acontecimiento se hace probable. Probabilidad que no es más que una  certeza  acompañada,  debemos buscarla  en la  experiencia.[12]

Hume ha colocado en la pared  a la inferencia  inductiva.   La discusión  está abierta, su planteamiento es que la ciencia trabaja sólo con presupuestos probables.   Popper manifiesta al respecto: “En lugar de esperar regularidades como resultados de la repetición, propongo explicar las regularidades como resultado de nuestra propensión a esperar regularidades” 

Desde la perspectiva de Popper debe existir un presupuesto teórico puesto por nosotros, para orientar la inferencia inductiva y poder hacer crítica la observación.   La ciencia se va construyendo a través de conjeturas  cada vez más aproximadas a la verdad. La inferencia inductiva requiere de una imaginación creativa que nos permita orientar y  unir los datos observados.

 

[1] HUME David, Tratado de La Naturaleza Humana . Sección XII, Parte I, 1988, pág. 138.

[2] HUME David, Investigaciones del conocimiento humano. Alianza  Editorial .S.A.  1981 Traducción Jaime de Salas. Segunda  Edición, pág. 250.

[3] Ibidem, pág. 48

[4] HUME David, Tratado de La Naturaleza Humana . Tomo II,

 pág. 63.

[5] HUME David, Investigaciones del conocimiento humano.Op.Cit, pág. 192.

[6] Ibidem, pág.197

[7] HUME David, Investigaciones del conocimiento humano. Op.Cit, pág. 278

[8] Ibidem, pág. 60

[9] HUME David, Investigaciones del conocimiento humano. Op.Cit, pág. 199

[10] Citado por RABADE, Romero, Sergio . Hume y el Fenomenismo Moderno  Editorial  Gredos . Madrid, pág. 232.

[11] HUME David, Investigaciones del conocimiento humano. OP.Cit, pág. 217

[12] Popper Karl. Conocimiento Objetivo.

David Hume

Nació el 26 de Abril de 1711, en Edimburgo, Lothian (Escocia). Ingresó en la Universidad de Edimburgo a los doce años. Hume abandona en 1729 los estudios de Jurisprudencia por los de filosofía, tras la lectura de Bacon, Locke y Berkeley, la necesidad de cambio del método filosófico hasta entonces empleado: la filosofía -piensa- sólo podrá sostenerse en virtud del método experimental.

Durante este periodo escribió su obra más importante, Tratado de la naturaleza humana (3 volúmenes, 1739-1740), que constituye la síntesis de su pensamiento. Ésta pasó desapercibida y, como dijo el propio Hume, «nació muerta», tal vez por culpa de su estilo abstruso. Tras la publicación de su Tratado, Hume comenzó a ocuparse de problemas de ética y economía política. Por esto escribió Ensayos morales y políticos (2 volúmenes, 1741-1742), que lograron un gran éxito.

Hume fue de una generación a la que pertenecen figuras tan destacadas como Adan Smith, Francis Hutcheson o Samuel Butler, es considerado el más importante pensador británico del siglo XVIII. Es, además, con Voltaire, Diderot y Rousseau, entre otros, uno de los grandes filósofos de la ilustración europea.

Hume estuvo muy influido por los filósofos ingleses Bacon, John Locke y el obispo y filósofo irlandés George Berkeley. Tanto Hume como Berkeley diferenciaban entre la razón y los sentidos. Hume, sin embargo, fue más allá e intentó probar que la razón y los juicios racionales son tan sólo asociaciones habituales con diferentes sensaciones o experiencias.

Sus Ensayos filosóficos sobre el entendimiento humano se publicaron en 1748. En 1752, aparecieron sus Discursos políticos, y un año después, tras volver a intentar una cátedra en la universidad, le nombraron titular de la Biblioteca de la  abogacía de la ciudad. En este periodo, que duró doce años, Hume trabajó ante todo en su obra de seis volúmenes Historia de Inglaterra, que apareció por entregas desde 1754 hasta 1762.

De 1762 a 1765 desempeñó el cargo de secretario del embajador británico en París. Allí conoció a los prohombres de la ilustración (Diderot, D’.Alembert, Buffon, Helvetius, etc) fue exaltado en los círculos literarios parisinos y forjó  amistad con el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau, quien le acompañó en su regreso al Reino Unido, amistad que se rompe al poco tiempo.

Pasó luego a ser subsecretario de Estado en Londres (1767-1768), y tras este trabajo se retiró a Edimburgo, donde permaneció el resto de su vida. Falleció el 25 de agosto de 1776. Su autobiografía fue publicada con carácter póstumo en 1777, los Diálogos sobre la religión natural (1779). Hume había escrito los Diálogos hacia 1750 pero ocultó su trabajo a causa de su naturaleza escéptica.

Newton constituye para Hume el paradigma del método científico, el modelo a imitar de lo que debe ser su filosofía. Kant afirmó : Agradezco a Hume por haberme despertado de mi «sueño dogmático». Se dice que el criticismo Kantiano sería  inexplicable si no tuviera como uno de sus antecedentes la filosofía del gran pensador escocés. Igualmente el pensamiento de Hume ejerció una decisiva influencia en Einstein y en los neopositivistas.

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