11 Feb EPISTEMOLOGÍA Y SUS FRONTERAS
“Valiéndonos de una comparación, podemos afirmar que, la creación de una nueva teoría no se parece a la demolición de un granero, en cuyo lugar se construye un rascacielos. Se asemeja, más bien a la ascensión de un monte, donde se llega a un punto de vista siempre nuevo y cada vez más amplio, donde se descubren relaciones inesperadas entre el punto de partida y los numerosos lugares que lo rodean. Pero el punto de partida existe siempre y puede ser visto, aunque parece más pequeño y forma parte insignificante de nuestra vasta perspectiva que hemos ganado al vencer los obstáculos en nuestra ascensión venturosa.”[1]
Enfrentan hoy la filosofía y la ciencia uno de los problemas más cruciales de su historia: el de establecer sus límites si verdaderamente existen con la actividad científica identificando los elementos comunes de reflexión, además de reconocer los aportes que la ciencia hace a la filosofía o los que la filosofía hace al desarrollo científico.
Problema que acompaña al hombre en toda la historia de la civilización. Desde que el hombre empezó a filosofar orientó siempre una parte muy valiosa de sus investigaciones a discutir qué es la ciencia entendida como conocimiento verdadero, contrapuesto a la opinión, a la ilusión.
Discusión que finalizado el siglo toma un rumbo orientado como paradigma emergente, especie de síndrome de “ relativismo epistemólogico” que pretende anarquizar y socavar la ciencia experimental como criterio de objetividad y conocimiento, además de la reflexión sobre ella misma, la epistemología.
FRONTERAS DE LA EPISTEMOLOGÍA
Para comenzar y siguiendo a Popper, tengamos en cuenta que la discusión sobre el significado de las palabras, sobre todo en filosofía, nos llevan siempre a discusiones bizantinas, o resultan generando las llamadas tormentas en una tasa de té.
Trataremos, por lo tanto, de inmunizarnos para no caer en la trampa de tales discusiones y veremos que no existe realmente un acuerdo entre filósofos y científicos sobre los verdaderos limites y alcances de la epistemología. Robert Blanche es claro y deja en manos del lector la determinación de los alcances del concepto fronteras de la epistemología, él mismo reconoce la dificultad cuando expresa que:
“ Es difícil trazar las fronteras que separan la epistemología de sus disciplinas más próximas. Al igual que para cualquier problema de definición, nos encontramos con una dificultad de vocabulario y, por lo tanto, de libre decisión, que determina no lo verdadero y lo falso, sino lo conveniente.”[2]
El origen lo hallaremos con apoyo en la historia de la filosofía. Desde los comienzos de la historia del género humano, nadie desconoce que el hombre ejerció su función argumentativa del lenguaje frente a los mitos, la religión y el arte. Se preguntó sobre el mundo que lo rodeaba; fue en el pleno sentido de la palabra un filósofo de la naturaleza. Los filósofos presocráticos reflexionaron sobre los problemas de la ciencia como forma de conocimiento, interrogaron el cosmos hasta que su racionalidad o mentalidad se los permitía o hasta donde la concepción mítica–religiosa lo determinaba: De esta actitud emerge uno de los grandes logros del hombre: la ciencia experimental.
Son muchos los conceptos que a través de la historia nos muestran la relación entre la filosofía y la ciencia; relación que desde los inicios tiene mucha importancia para el futuro desarrollo. Geymonat nos dice: que los modernos estudios de la historia de la ciencia “Han puesto de relieve las múltiples y profundas influencias ejercidas en el pasado por la investigación filosófica en las investigaciones científicas”. [3].
Para unos como Kuhn, la filosofía de la ciencia ha convertido de un depósito de anécdotas organizadas cronológicamente una especie de Historia del pasado reescrita como una marcha hacia el presente y que sirven de sustento a la “ Sustitución de la idea que lo que cuenta son los datos y los hechos por lo que todo se reduce a intereses y puntos de vista subjetivos”.[4]
Kuhn, convertido en uno de los padres del “ relativismo contemporáneo “, nos dice que los cambios de paradigmas se deben a modas del pensamiento, que una vez adoptadas nos sirven de guía para una nueva concepción del mundo y que sólo pueden ser confirmados con experiencias posteriores. Su convicción es que los
cambios de paradigmas se deben más a procesos empíricos que científicos.[5]
Para otros como Feyerabend en su propuesta Anarquista Epistemológica realiza unas extrapolaciones abusivas, pretendiendo que la veracidad o falsedad de una afirmación es relativa a un individuo o a un grupo social.
Mientras tanto, la ciencia se refugia en su trinchera de la objetividad esgrimiendo su consigna de cuartel «Que el principio de Objetividad es consustancial con la ciencia», por la otra parte, los relativistas epistémicos dicen a los científicos que están perdiendo el tiempo y que una empresa como la de conseguir un conocimiento objetivo por principio, es pura ilusión.
Objeción que enfrenta a los filósofos de la ciencia agrupados en el llamado Circulo de Viena o positivismo lógico, quienes exigen: “Que la verdad o la falsedad de un enunciado sólo puede establecerse si recurrimos a la experiencia, es decir, si recurrimos directamente o indirectamente a la observación. Este es el postulado fundamental de toda ciencia experimental”[6] La distinción entre hechos y teorías
Por eso, los enunciados que se hacen en las investigaciones referidas a la telepatía y demás disciplinas que en el momento quieren conquistar un estatus científico en el nuevo estilo epistemológico, se les exige como requisito que los enunciados que aspiran a un criterio de verdad, indiquen las experiencias que pueden corroborarlos o verificarlos. «La mejor manera de explicar la coherencia de nuestra experiencia consiste en suponer que el mundo exterior corresponde, por lo menos de un modo aproximado, a la imagen que nos dan de él nuestros sentidos.» [7]
El debate sigue, Blanche se pregunta si : “Hay que considerar a la epistemología y la metodología como dos disciplinas distintas y simplemente conexas, o al contrario, incluir a la metodología dentro de la epistemología como uno de sus elementos ? ”.[8] La respuesta nos lleva a otro de los laberintos de la filosofía, máxime cuando son los propios avances de la epistemología los que han puesto en cuarentena el problema del método, entendido como camino para llegar al verdadero conocimiento. Feyeraben en su libro contra el método nos dice:
“La idea de un método que contenga principios firmes, inmutables, y absolutamente obligatorios para dirigir el
que hacer científico tropieza con dificultades considerables cuando la confrontamos con los resultados de la investigación histórica. Encontramos, entonces, que no hay una sola regla, no importa cuan plausible o firmemente basada en la epistemología se encuentre, que no sea violada en una ocasión u otra”[9]
No obstante Feyeraben en su ambigüedad y fiel a su papel de bufón de la corte de la filosofía de la ciencia, papel que como dicen muchos desempeña a cabalidad, confiesa que :“ La idea de que la ciencia puede, y debe, organizarse a tenor de unas reglas fijas y universales, es a su vez, utópica y perniciosa”.[10]
Todo parece indicar que el problema de establecer los límites o fronteras de la epistemología es un problema de actitud y parte del fracaso epistemológico de finales de siglo y comienzos de éste, actitud que comienza con, «la tentativa de codificar el método científico y que más tarde ha conducido en ciertos círculos, a un escepticismo irracional”[11], llevando a la espistemología a un nihilismo cognoscitivo.
CRISIS DE LA EPISTEMOLOGÍA
El fantasma de la irracionalidad ha despedido el siglo, abriendo las puertas al laberinto del nuevo milenio, con una embriaguez espiritual que corresponde a lo que hoy llamamos posmodernismo; el cual ha extendido la mano a un cúmulo de creencias y supersticiones que, a manera de telaraña, extiende sus hilos sutiles y siniestros amenazando con borrar todo vestigio de ciencia, entregando, a su vez, sus principios y fundamentos a los integrismos religiosos, al espiritismo, a la astrología, al gnosticismo y a otras corrientes que se abren paso en medio de la incertidumbre que padece el hombre y cuyas imágenes se comercializan de mil formas, y se denominan así mismas como: Paradigma emergente, NEW AGE o nuevos tiempos para la humanidad.
Se considera que esta reacción antirracionalista no constituye un movimiento estructurado ni una ideología, ni una iglesia ni una religión, y mucho menos una secta, sino una dispersa onda espiritualista que se ha dado en llamar conspiración de acuario.[12]
La idea iluminista de progreso, vigente en los últimos siglos, fue la fe en un mito que veía en el desarrollo de la ciencia y de la técnica, el viejo sueño del elixir de la larga vida de la alquimia, la desaparición del dolor, la enfermedad y la pobreza de la historia de la humanidad, el mundo perfecto armónico y mecanizado , mundo sin enfermedades, ni pobreza, poseedor de la piedra filosofal, hoy ha entrado en crisis, como una respuesta a esta crisis se pregona a los cuatro vientos la NEW AGE como alternativa de salvación.
La extrapolación y la mala interpretación de ideas y verdades científicas en busca de un beneficio personal o grupal, anarquizó y confundió hasta la misma academia y a sus apóstoles. Es común ver y escuchar académicos repitiendo esa jerga sin sentido, que como palabras sacras protegen al ser humano de todos sus males, tanto que muchas personas cultas como bien lo dice Sokal «Se han enojado ante la arrogancia y la vacía verborrea del discurso posmoderno y ante el espectáculo de una
comunidad intelectual en la que todo el mundo repite frases que nadie entiende «.[13]
Los más radicales escépticos de otros tiempos hoy consultan el tarot e invocan sus mantras repitiendo palabras sin sentido, con el afán de impresionar y conquistar a ingenuos para sus filas.
Toda una ensalada de palabras acompaña el discurso de estos apóstoles, quienes amparados en ese relativismo epistémico, montado por ellos mismos, manipulan con acierto una jerga erudita, pero carente de sentido y significancia y que muchas veces escuchamos y leemos en las más respetables revistas.
En río revuelto ganancia de pescadores repetía mi padre, por eso los pregoneros de milagrerías, de paraísos y nirvanas, hoy de espaldas al río, convocan la audiencia a sus incautos creyentes; ya no hablan de conducta social, sino de estilos de vida; la verdad ha perdido su sentido y se habla de descripciones aproximadas, ya que la ciencia, según ellos, opera con descripciones limitadas y aproximadas de la realidad.
Especie de hambre espiritual que acosa todos los rincones del planeta, donde la desilusión y el desencanto a todo aquello que se llame pensamiento ilustrado es su evangelio.
El deseo de romper las ataduras de la razón y de la historia hizo que estos pregoneros de la nueva edad de oro, unieran sus esfuerzos con las más
recalcitrantes actitudes supersticiosas de la humanidad, proclamando a los cuatro vientos una nueva época y aprovechando el deseo natural del hombre de reconciliarse consigo mismo. Han permitido que las tradiciones espirituales se confundan con afirmaciones científicas, relativizando lo mítico y al mismo pensamiento científico, hasta llegar a considerarlo como un sistema más de creencias..
Este relativismo pretende socavar el criterio de objetividad considerado por todos como consustancial con la ciencia, al pregonar que la ciencia moderna no es más que un mito, una narración; al afirmar que el relativismo se extiende más allá de la física, diluyendo en esta forma la realidad.
Los pregoneros de la fatalidad y el desconsuelo del nuevo milenio consideran que la teoría del conocimiento, su forma de adquirirlo, metodología, su crecimiento – (Llámese, sí quiere, acumulación)- son una red interconectada de relaciones que representa los fenómenos observados.
La confusión entre lo que es ciencia y desarrollo tecnológico hoy se acrecienta, el hombre de comienzos de siglo vive de impresiones y entre el desconcierto y desorientación que reina en todos
los rincones del planeta. En este nuevo siglo se abre el paso, a una tendencia sociocultural o coctel espiritual que invita a beber a todos en la misma copa, lo que ellos mismos denominan paradigma: -Holístico-ecológico-sistémico- verdadero sancocho de términos tomados de las ciencias básicas y extrapoladas irresponsablemente a una Jerga que ni ellos mismos entienden.
El espiritismo, la adivinación, la magia, la cábala, el gnosticismo, el teosofismo, comparten hoy la incertidumbre y la soledad de un siglo que ha dejado ondas huellas en el desarrollo humano, pero que tampoco dió una respuesta que logrará reconciliar los espiritus dejando atónitos a creyentes y a no creyentes.
Para terminar, citaré una parte del dialogo sobre el método y la filosofía de la ciencia sostenido por Feyerabend y otros epistemólogos como Stgmuller:
“A: Los filósofos han aportado algunos esclarecimientos de cierta profundidad en un tema tan complejo.
“B: – Usted es un optimista. Piensa que los filósofos de la ciencia tienen alguna noción sobre
las complejidades de la ciencia, por qué?.
Ellos mismos dicen que no se ocupan de la ciencia, sino tan solo dee sus“reconstrucciones racionales” y las “reconstrucciones racionales”de la ciencia son ciencia traducida a jerga lógica-.
A: Los filósofos clarifican la ciencia..
B: Para analfabetos que sólo entienden la Jerga Lógica y nada más. Pero yo diría que si el problema consiste en hacer clara la ciencia a gente de inteligencia media, entonces divulgadores como Asimov están haciendo un trabajo mejor. Cualquiera que lea Asimov sabe, a grosso modo, de qué versa la ciencia, pero quien lea filósofos de la ciencia contemporánea, aprenderá lógica de una forma demasiado simple pero no ciencia”[14]
Hay quienes afirman que los problemas filosóficos clásicos son seudoproblemas y que se deben al mal uso del lenguaje, Wittgenstein nos dice que: » La tarea de la filosofía no es crear un lenguaje ideal, sino explicar el uso lingüistico del lenguaje existente».
La discusión está abierta. Todo parece indicar que la llave para la solución del rompecabezas, es la de señalar y delimitar las fronteras entre la filosofía y la ciencia, indicando las reglas de juego que les rigen y luego, de este proceso terapéutico aceptar con humildad lo que dice Wittgenstein al final de su Tratatus: » De lo que no se puede hablar, mejor es callarse «.
[1] Einstein A y L.Infeld. La evolución de las ideas en la física.
[2] BLANCHE, Robert, C. El Ambito. Cap. II Pag.13
[3] GEYMONAT, Ludoivico. Discuciones acerca del Carárter científico de las ciencias particulares, pág. 11
[4] KUHN, Thomas S. La estructura de las revoluciones científicas. Traducción de Agustín .Contin. México, D.F. Fondo de la Cultura Económica,1982, pág. 20
[5] SOKAL Alan y otro. Las imposturas intelectuales. Paidos.Barcelona, pág. 86
[6] Consúltese el artículo » El sentido y la verificación de los enunciados empíricos «, pág. 103
[7] Op. Cit, pág. 68
[8] BLANCHE, El Ambito , Op.Cit, pág. 21
[9] FEYERABEND, Paul, Contra el método, pág. 22
[10] FEYERABEND. Paul,1975, pág. 295.
[11] SOKAL Alan y otro. Las Imposturas intelectuales. Paidos.Barcelona, pág. 79
[12] Véase artículo NEW AGE, Una espiriritualidad difusa para un hombre vacio de Roberto Bosca.
[13]SOKAL Alan y otro. Las Imposturas intelectuales. Paidos.Barcelona, pág. 222.
[14] FEYERABEND, Paul. Diálogo sobre el Método. Alianza Universidad, 1984, pág. 206.
Albert Einstein
Vino al mundo el 14 de marzo de 1879, en Ulm aunque su juventud transcurrió en Munich, lugar en el que su familia poseía un pequeño taller de máquinas eléctricas.
A los 15 años su familia se marchó a Milán, Italia, debido a los numerosos fracasos en los negocios, Einstein se vió obligado a dejar de asistir a la escuela. Permaneció durante un año con sus padres en Milán pero terminó los estudios secundarios en Suiza.
Allí fue admitido en el Instituto Politécnico Nacional de Zurich. Durante dos años se dedicó a la enseñanza sustituyendo a profesores suplentes o dando clases particulares. Finalmente en 1902 consiguió un trabajo como examinador en la Oficina Suiza de Patentes en Berna. En el año 1905 se doctoró por la Universidad de Zurich, presentando una tesis sobre las dimensiones de las moléculas; además escribió tres artículos teóricos de gran valor para el desarrollo de la física del siglo XX. Su tercera publicación fue sobre la electrodinámica de los cuerpos en movimiento (1905), en la que exponía la teoría especial de la relatividad.
Einstein asistió durante cuatro años a la oficina de patentes, y más adelante comenzó a destacar en la comunidad científica, ascendiendo en el mundo académico. Primero fue a la Universidad de Zurich en 1909; tras dos años allí se marchó a la Universidad de Praga, de lengua alemana, y en 1912 regresó al Instituto Politécnico Nacional de Zurich. En 1913 fue nombrado director del Instituto de Física Kaiser Guillermo en Berlín.
En 1907, Einstein comenzó a trabajar en la extensión y generalización de la teoría de la relatividad a todo sistema de coordenadas teoría que fue publicada en 1916. Apoyándose en esta teoría general de la relatividad, comprendió las variaciones del movimiento de rotación de los planetas y predijo la inclinación de la luz de las estrellas al aproximarse a cuerpos como el Sol.
A partir del año 1919, comenzó a ser reconocido internacionalmente consiguiendo premios de varias sociedades científicas, como el Nobel de Física en 1922. Durante la I Guerra Mundial, Einstein condenó públicamente la participación de Alemania en ésta.
En 1933 Einstein partió hacia Estados Unidos, ya que Hitler obtuvo el poder en Alemania. Allí obtuvo un trabajo en el Instituto de Estudios Superiores en Princeton, Nueva Jersey. Continuó con sus actividades a favor del sionismo pero decidió abandonar su postura pacifista anterior debido a que pensaba que el régimen nazi de Alemania era una amenaza para la humanidad.
En 1939 Einstein con otros físicos enviaron una carta al presidente Franklin D. Roosevelt pidiéndole que fuese creado un programa de investigación sobre las reacciones en cadena.
En 1945, cuando ya se sabía de la existencia de la bomba, Einstein volvió a escribir al presidente para convencerle de que no utilizase el arma nuclear. Tras la guerra, Einstein se convirtió en activista del desarme internacional y del gobierno mundial, y siguió contribuyendo a la causa del sionismo.Einstein falleció el 18 de abril de 1955 en Princeton.
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