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ELUCIDACIÓN FENOMENOLÓGICA DEL CONOCER

» Con esta teoría de las teorías, la teoría formal del conocimiento, que la aclara, antecede a toda teoría empírica, esto es a toda ciencia real explicativa, a la ciencia de la naturaleza física por una parte, a la psicología por la otra parte y, naturalmente, también a toda metafísica. No quiere explicar el conocimiento, el suceso efectivo en la naturaleza objetiva, en sentido psicológico o psicofísico; lo que quiere es aclarar la idea de conocimiento en sus elementos constitutivos ( y respectivamente sus leyes )..»[1] 

Dentro de la aclaración del conocimiento y sus constituyentes, Husserl ha emprendido su análisis fenomenológico rastreando el sentido ideal de las conexiones específicas, en las cuales se fundamenta la objetividad del conocimiento.

Esta elucidación del modo de darse las formaciones lógicas a una conciencia nos lleva a plantear el sentido de la verdad, lo que significa la verdad y para lo cual Husserl nos propone volver a las cosas mismas, a su origen.

 

La fenomenología exige atenerse a las cosas mismas. La palabra «intentio» significa «dirigirse a» toda vivencia, toda actitud anímica se dirige a algo. Se trata el problema de la intencionalidad y de la percepción.

 

Se dice que la solidez de Husserl reside justamente en la minuciosa descripción de los procesos de la conciencia. Lo que hay que tener en cuenta es el sencillo hecho que la estructura del comportamiento consiste en un «dirigirse a…». En suma, la intencionalidad de la conciencia no prejuzga la controversia entre realismo e idealismo. Nuestros actos psíquicos tienen el rasgo de referirse siempre a algo, a un objeto. No veo sensaciones de color, sino cosas coloreadas; no oigo sensaciones de sonido, sino la canción del cantante.[2]

 

Por ésto, emprende la descripción fenomenológica de los actos de conciencia, comenzando por el discurso expresivo  y su significado, porque toda   proposición o juicio se da en un  juzgar actual y tenemos que dar razón de su forma y contenido.

 

Husserl propone: «Examinarse a sí mismo continuamente como filósofo que medita y que por ello ha llegado a ser ego trascendental, que quiere decir, por tanto, entrar en la experiencia trascendental abiertamente ilimitada, no conformarse con el vago ego cogito, sino perseguir el flujo constante del ser y de la vida cogitativos, inspeccionarlo según todo lo que en él hay que ver, penetrar en él explicándolo, captarlo descriptivamente en conceptos y juicios sacados de modo enteramente primigenio de estos componentes intuitivos».[3]

 

En este sentido, el análisis fenomenológico esclarece el modo como se me dan las cosas de las cuales yo digo que son verdaderas; mediante la descripción de los actos  significativos y la forma como obtiene su completud.

 

Se pretende, por lo tanto, mostrar este proceso que Husserl somete a análisis en la investigación VI de las investigaciones lógicas.

 

  1. EL SENTIDO DE LA VERDAD

 

En la primera investigación Husserl nos dice que tenemos que distinguir dos clases de actos o series de actos:   los esenciales para la expresión (actos de dar sentido e intenciones significativas)  y los no  esenciales a la expresión (actos de cumplir el sentido, cumplimiento significativo).

 

Los primeros son esenciales a la expresión animada de sentido, no a la mera expresión porque  la expresión mienta algo y al mentarlo se refiere a algo objetivo, expresa  una intención significativa como actividad anticipatoria de la conciencia y  es partir  de este sentido que le doy a mi expresión dentro de la intencionalidad,  cuando puedo hablar de los objetos.

 

Los segundos no son esenciales a la expresión como tal, pero   mantienen una relación, la de actualizar la referencia al objeto, a su realización.

 

“Una expresión adquiere referencia objetiva sólo  porque   significa y que, por lo tanto, se dice que  la expresión designa (nombra) el objeto mediante su significación;  y respectivamente que el acto significar    es el modo determinado de mentar el objeto en cuestión”.[4]

 

Ahora bien, si todo pensar y conocer teóricos se llevan a cabo en ciertos actos que  tienen lugar en la conexión del discurso expresivo  (conexión intencional  entre la palabra y la cosa), no todos los actos están cargados de significación, porque

si la pretensión de los actos es la de dar sentido  y de encontrar su realización, debe de estar de acuerdo con una  forma verbal que determina su significación y para esto se  hace necesario indagar su determinación.  La pregunta como pregunta, el deseo como deseo, el juicio como juicio.

 

El sentido de la expresión verbal viene dado por la conciencia que expresa su intención significativa, dándole vida a las expresiones, como elemento fenomenológico.

 

Este expresar está dado en los actos, los cuales requieren ser conocidos en su forma o contenido de sus expresiones para que el discurso no se quede  en las meras palabras, sino también en las formas y  expresiones mentales, que como correlatos de los actos que deben ser expresados, estén unidos a la expresión verbal y por lo tanto  podamos entender la expresión de una percepción, sin percibir, de una pregunta sin preguntar; pero para esto es importante que exista el interés fenomenológico y que los actos que se expresen estén plenos de significación y de unidad de sentido. De lo contrario predominaría el interés objetivo en donde la expresión coincide con lo expresado, el nombre con lo nombrado.   El interés fenomenológico nos invita a elucidar la relación entre la palabra y

el “estado de las cosas” que cotidianamente vivimos.

 

Los actos son susceptibles de ser  expresados, pero no todos   son el significado de su expresión. Por ejemplo, las formas gramaticales que el lenguaje utiliza, como los deseos, las preguntas, las voliciones.

 

En  contra de lo anterior existe una vieja polémica que viene desde Aristóteles, según la cual “la significación de todas las proposiciones independientes completas reside en vivencias psíquicas heterogéneas, en vivencias de juzgar, desear, mandar, etc”.[5]  

 

Según esta objeción, estos actos pueden funcionar como depositarios de significación, porque el hecho de que todos los actos puedan ser expresados, su significación se debe hallar en éstos.

 

Pero, resulta que la significación de estos actos reside en el juicio sobre las vivencias y no en las vivencias, lo mismo que “la significación de los enunciados de las cosas externas reside en las cosas”.[6] La diferencia que existe ante  esta concepción, dice Husserl es porque:

 

«Al comparar los nombres y los enunciados con las expresiones del grupo discutido:  los actos de representar o de juzgar “expresados”  en los nombres y en los enunciados dan significación (o cumplen la significación), pero no son ellos lo significado; no son objetivos en el nombrar y predicar y predicar, sino constituyentes de objetos.  En el otro lado y en expresiones discutidas que los actos “expresados” resultan   objetivos para nosotros, aunque dan presuntamente significación.»[7]

 

Existen otros actos, como cuando doy la expresión a mi percepción del lapicero con que escribo, puedo decir que predico sobre mi lapicero o éste es el juicio que extraigo de mi percepción del lapicero. Resulta que el juicio no recae sobre la percepción sino sobre el lapicero, sobre la referencia objetiva, no sobre el juicio ni sobre la percepción, sino sobre el   “estado de cosas” o actos específicos de la percepción.  La percepción es  un acto que determina el  significado, no un acto que lo contiene. La percepción es en cuanto tal percepción de algo, y lo mismo ocurre con la representación, el recuerdo, el juicio, la conjetura, la expectativa, la esperanza, el amor. Siempre se trata de determinadas formas de conducta que se dirigen a algo.   Percibir no es meramente fijar la mirada

 

Existe, además, una unidad entre los actos significativos  y los actos en los que se da el objeto, no es una asociación sino que se hayan fundidos. Estos actos que son los objetos de la significación y a la vez de la intuición, son los actos objetivantes, los cuales son: “la intencionalidad como propiedad que tiene la conciencia de referirse a sus objetos.”[8]

 

  1. ¿CÓMO SE NOS DA ESTE CONOCER?

 

Este conocer  se da cuando el acto no sólo es significado sino que se es dado por intermedio  de los actos de intuición como acto complementario, y este no sólo significa sino que nos lleva al conocimiento.

 

“Esta identidad del significado es precisamente la que permite el conocimiento:  conozco el rojo  en cuanto rojo.  Y sin embargo, el acto completo está modificado por la realización intuitiva: Unicamente en ella se forma el conocimiento”.[9]    La comprensión simbólica no es conocimiento: no hay más conocimiento que el intuitivo.

 

Este conocimiento se nos da mediante una unidad estática entre el pensamiento expresivo y

la intuición expresada; la significación  se basa en una   intuición y por medio de ésta se refiere al objeto.   Cuando hablo de mi lapicero me refiero  al lapicero que está delante de mí, por medio de un acto   significativo. El nombre, nombra  al lapicero, lo que está presente en mi percepción, tengo la representación del objeto, la intencionalidad; pero resulta que en esta relación entre “la palabra  y la cosa” hay una conexión intencional o unidad que pertenece a cierto curso de vivencias  de la clase de la sensación, unificadas de un modo sensible en su sucesión que he aprehendido intuitivamente dándole sentido (unidad de sentido) objetivo.

 

El nombre y lo nombrado, la expresión y el lapicero no entran    en relación sino mediante el acto de conocer;  mediante un acto de conciencia, como unidad significativa, de realización, que me da lo percibido como algo que tiene estas  características (acto de identificación). La realización del acto de significar en el  acto intuitivo,  debido a la unidad de  sentido, unidad cognoscitiva, nos permite hablar del carácter teleológico del conocimiento.

 

Este conocer tiene un carácter de acto que se da entre la expresión física o sonido verbal y la intuición de la cosa expresada, intuición que no está aislada; son múltiples intuiciones destinadas a realización de otras,  que   por su sentido unitario se pueden referir en forma universal a los objetos y de ahí la universalidad  de la palabra,  ya que la conciencia     trasciende sus contenidos actuales  y va  más allá de su contenido actual:   “A la palabra rojo pertenece , por ejemplo, la posibilidad de conocer y nombrar como rojos todos los objetos rojos que puedan darse en todas las  intuiciones posibles”.[10]

 

La conciencia puede ser dinámica mediante el proceso de conocer  que se da cuando la expresión es mentada simbólicamente y la cual encuentra su intuición correspondiente. 

 

Los actos que se despliegan en forma temporal  y encuentran su realización o cumplimiento mediante un  proceso de adecuación cuando, la intención significativa  alcanza su unidad de cumplimiento en el acto intuitivo, es una relación dinámica que tiene una característica:  “Primero se da la intención significativa sola por sí, luego sobreviene la intuición   correspondiente.   A la vez surge la unidad fenomenológica, que se revela ahora como  conciencia de cumplimiento”.[11]

 

Al analizar estos dos actos de  conocer, es indiferente que lo tengamos en forma  dinámica o estática porque de  todas maneras aparece la unidad  de identidad, unidad de sentido de la vida de conciencia que me permite darle sentido a este proceso del conocer, el  cual está orientado al cumplimiento o realización como unidad de realización.  Es por ello que los objetos de la intuición son los mismos que los del pensamiento que en ella se cumplen, en los cuales se estructura la realización como una vivencia de identidad, conciencia de identidad.

 

El acto de conocer y de realización o cumplimiento son la misma palabra, concebir la cosa es conceptuar  sobre la cosa y este  concepto tiene que ser elucidado hasta la claridad, hasta la evidencia.

 

Ahora bien, si la intención tiene la peculiaridad de apuntar   hacia…, ya fuere en forma teórica o práctica, existen intenciones como las vivencias que a su vez están llamadas a cumplir otras intenciones como las intuiciones. «El comienzo, por ejemplo, de una melodía conocida, suscita determinadas intenciones, que encuentran su cumplimiento en el progresivo desarrollo de la melodía «.[12]

 

Estas intenciones y su cumplimiento forman un tejido de realizaciones parciales en una unidad de una intuición total que nos lleva al objeto y podemos afirmar “es así”; o lo contrario “no  es  así”: Se produce el conflicto, la decepción, la cual es una síntesis de la misma peculiaridad que la realización. “El conflicto no es la simple comprobación de una ausencia, sino que contiene  en sí algo  unitario, del mismo modo que el no  se supone la unidad de intención decepcionada”.[13]

 

  1. SINTESIS DEL CONOCER     

 

En el capítulo anterior nos dimos cuenta de que existe una especie de   actos que no son  depositarios de dar significación y nos detuvimos a describir los actos significativos y los actos de cumplimiento significativo.

 

Estas dos clases de actos pertenecen a los actos objetivantes, actos cuya síntesis de cumplimiento tiene el carácter de unidad de identificación y el de la decepción  tiene por ende el  de distinción.  Estas  dos clases   de  actos son actos de referencia significativa e intuitiva a algún objeto que es mentado.

 

Corresponde ahora aclarar la característica fenomenológica  de la distinción entre intenciones significativas e intuitivas por las propiedades de cumplimiento.  Para encontrar su caracterización comparemos la intención significativa e imaginativa:  El signo no tiene nada en común con lo designado, sólo lo tiene en la contigüidad, por  ejemplo, el nombre con lo  nombrado.   La imagen se refiere  a la cosa por semejanza, por analogía.  El signo requiere de una intención para que lo que aparece intuitivamente sea mentado como objeto designado.  La imagen nos representa objetivamente la semejanza  del objeto con lo mentado.  “El cumplimiento de lo semejante  por lo semejante determina íntimamente el carácter de la síntesis de cumplimiento, definiéndola como una síntesis imaginativa”.[14]

 

Por otra parte, la percepción se caracteriza frente a la imaginación porque en ella aparece el objeto mismo y no la imaginación. En la percepción no es   sino dirigirnos al objeto mismo.

 

Pero sucede que lo que conocemos del objeto es un mero escorzo, no se nos da plenamente; de ahí la posibilidad infinita de percepciones que tenemos de un mismo objeto.

 

El privilegio de la percepción en el conocimiento es que se compone de muchas “intenciones”, ya  fueren significativas o imaginativas. Cuando hacemos abstracción de éstos componentes tenemos la percepción pura.

 

Lo anterior nos permite decir que existe una diferencia, “una doble articulación”, que caracteriza los actos objetivantes.  

 

“Una que procede por contigüidad y que  caracteriza la realización de las intenciones significativas, otra que procede por semejanza o pertenencia y que caracteriza la realización imaginativa o perceptiva”.[15]

 

Ahora bien, el carácter de síntesis de cumplimiento está determinado por la diferencia de sus intenciones.  El acto total es imaginación o significación o percepción cuando dos de estos actos se relacionan  según  las relaciones de concordancia y de contrariedad.

 

3.1        GRADOS DEL CONOCER

 

Todos los actos tienen su materia, ya porque sean depositarios de la identificación y estén presentes en ella; pero esta materia no es lo identificado ni explica la perfección del conocer ni su esencia.

 

Dicho en otras palabras, los datos inmediatos de la conciencia son la experiencia primaria de la que hay que partir. La conciencia en su presencia intacta no se reduce a un tarrado de información o polvo de sensaciones, la sensación es siempre de algo, que se halla ante mí. La conciencia tiene una estructura intencional. El hecho primario de la experiencia es hallarse el yo ante las cosas. La conciencia tiene una estructura bipolar. Toda conciencia es conciencia de algo. No hay objeto sin sujeto ni sujeto sin objeto.

 

Existe una marcha gradual de enriquecimiento del conocimiento por los grados de realización, crecimiento que se edifica de una menor plenitud   a una mayor; hasta que lo expresado se cumple.

 

Este  aumento gradual  va dando en la intuición hasta   llegar a una intuitivación más o menos perfecta, dándonos el cumplimiento, pero este cumplimiento no supone  que se dé un  concepto lógico del conocimiento. “Hablamos de conocimiento

preferentemente cuando una mención en el  sentido normal de creencia   se robustece o confirma”.[16]

 

Cuando hablamos de aclarar un pensamiento,  quiere decir dar amplitud a nuestro conocer, a nuestro contenido pensante.  Es con la intuición   y su realización que obtenemos    las bases para formar el pensar o el concepto  y éste está dado intencionalmente “a priori”.   Allí se determina su marcha gradual hasta llegar a una realización total que nos lleve  a una intuición  inmediata .   Hay que distinguir la forma como gradualmente se identifican los cumplimientos mediatos de la representación,  la cual se refiere a la representación como su objeto para ser llevada a la plenitud de la cosa misma.

 

La intuitivación como aumento de  plenitud de las intuiciones (objeto intuído se haya presente tal  como es mentado) son por el gradual cumplimiento de las intenciones inmediatas, y si éstas acarrean plenitud en el sentido que aumenta la plenitud del objeto representado, se denomina intuitivaciones propias.

 

La representación intuitiva le da vida a las intenciones significativas, vivificación que se la da la percepción, aporta el ser mismo del objeto. “La plenitud completa, como ideal, es por ende la plenitud del objeto mismo, como conjunto de las propiedades que lo constituyen”.[17]

 

La elucidación de la plenitud nos lleva a comprender al ser, ya que ella (la  plenitud) no es perceptible en el objeto.  Por eso el ser “no es predicado real”. La confrontación entre las representaciones intuitivas y aquello a lo que se dirige en su intencionalidad nos proporciona el grado de enriquecimiento, el grado de unidad de sentido, de síntesis cognoscitivas, el hablar agota todos los escorzos del objeto, la síntesis culmina con la representación del objeto, la cosa misma en su adecuación, la posibilidad de su concepto como esencia que está de lado de la intuición, no de la significación.

 

Obtenida la plenitud completa ésta ha pasado por un enriquecimiento gradual, en el cual el objeto está expuesto en su integridad (extensión), en su vivacidad de la plenitud y en sus contenidos de realidad, ideal de plenitud que no es más que “la adaequatio reiaes intellectus:  lo objetivo es “dado” o está “presente” real y exactamente tal como es en la intención; ya no queda implícita ninguna intención parcial que carezca de cumplimiento”.[18]  Es la percepción la que confirma y verifica y tenemos en nuestra conciencia vivencia de la evidencia, vivencia de la verdad.

 

3.2        LA CONCIENCIA DE EVIDENCIA

 

El objeto se me ha dado por escorzos y mediante el proceso unificador enriquecido de cada una de mis vivencias. En el proceso de síntesis de cumplimiento se me da el objeto y digo que tengo evidencia. Mi vida de conciencia ha constituido  mundo, permanencia del objeto percibido; esta evidencia acompañada de sentido me da la existencia real del objeto.

 

“La absoluta plenitud de contenido, la del objeto mismo.   El objeto no es meramente mentado, sino dado – en el objeto más riguroso -, como es mentado e identificado con la mención”.[19] 

 

Esta existencia real del objeto es el correlato objetivo, el ser en el sentido de la verdad.      

 

  1. SENSIBILIDAD Y ENTENDIMIENTO

 

La conciencia de evidencia es el comienzo de la operación del entendimiento. Con la evidencia he reconocido la verdad de “la cosa misma” y esta verdad es él habitat de la razón    por su orientación al ser de las cosas.   Nos preguntamos ahora  “cómo se enraíza el   pensamiento formal en una sensibilidad  por la que el objeto comienza a “entrar en el conocimiento”.[20]

 

Existe un gran vacío, dice Husserl, y se refiere a las formas objetivas categoriales   y para esto es preciso que tomemos los enunciados de percepción a ver si logramos esclarecer estas funciones sintéticas de la de los actos objetivantes.

 

En los enunciados de percepción no se cumplen, tomamos la   significación en su conjunto. No decimos:  veo esta silla, este tablero que está escrito. Existen unas diferencias gramaticales que  suplementan el significado y éstas  son las formas categoriales:  el, un algún, todos, pocos, etc.    Si en los actos de significar los nombres de las cosas tienen su correlato   sensible, estas formas categoriales no tienen correlato real.

 

No todas las  partes y formas de la significación, (las expresiones papel blanco, veo papel    blanco),  pueden realizarse bajo una percepción, pero cuando en la expresión compleja digo:  “Veo este papel que es blanco”,  del es no tengo correlato real, los materiales papel y su   cualidad blanco, como materiales, su realización, “no es predicado real”.

 

Esta diferencia entre los elementos materiales (que encuentran su realización  en una intuición)  y las formas categoriales que no encuentran en la percepción ni aunque  lo  pidan, nos permite decir que el origen de   estos  conceptos está en la realización, no en la reflexión  sobre los actos.

 

Por eso, es en el cumplimiento mismo de los  juicios en los objetos de estos actos, en un acto que ponga delante de nosotros mismos imaginativamente alguna    individualidad, donde surge el concepto ser.    Si la percepción sensible unifica elementos materiales, las formas categoriales deben tener un acto que las unifique,  que les sirva de realización. Necesitamos de un acto que preste los mismos servicios a las formas categoriales  y éstos  son los que están fundados en las percepciones.

 

Para lo anterior, hay que ampliar los conceptos que nos lleven más allá de la sensibilidad y podamos referirnos no sólo al ser individual sino a situaciones objetivas  universales.

 

La significación categórica requiere  una intuición categórica:    “Podemos caracterizar, en efecto, los objetos

sensibles o reales como objetos del grado inferior de toda intuición posible y los categoriales o ideales como objetos de los grados superiores».[21]

 

En estos actos hay  una unidad de identificación en donde la intuición permanece, en la articulación  y la realización y relación de los actos parciales, como unidad fenomenológica, es un anexo o enlace.

 

Estos actos fundan nuevos actos, sin alterar el  contenido sensible, el objeto es aprehendido en relación, en colindancia y se enlazan mediante una unidad sensible, o momentos del objeto real.   Esta unidad relacionante es una función ideal que mediante el acto de abstracción podemos ver con mayor   claridad la nueva objetividad que funda el nuevo acto; este proceso nos lleva a la identidad de lo universal, intuímos  lo universal, percibimos lo universal:   “La conciencia  de lo universal se edifica como intuitiva, pero a la vez  como   analógica sobre la intuición individual”.[22]

 

Además, la base de toda  representación es la síntesis anticipativa. La actividad intencional es representación, es el contenido completo del acto y caracteriza los actos intuitivos, es su realización y por esto la representación categorial nos pone delante de nosotros el objeto a  título de «contenido intencional»[23].

 

El contenido representante es único, pese a los cambios de los actos: El carácter de enlace siempre es el  mismo, es la  intuición categorial la que aporta la representación funcional.  Esta representación como vivencia psíquica   pertenece a la esfera del sentido interno, ya sea simple o fundada; es decir, sensible o categorial.  Es por eso que  su unidad de  conciencia, unidad de esencia intencional,  se da entre la calidad de acto categorial y su materia.

 

Esta unidad es fundada por la intuición adecuada  a los contenidos,   ya que los  objetos no son dados en el mero vivir, sino en el  percibir de contenidos vividos (experiencia consciente).   El contenido psíquico   que puede desempeñar el papel de representante funcional, es aprehendido como la unidad  objetiva de los objetos, es una relación de identidad de parte a todo, no   de identificar que es un acto sensible, la identidad es una forma categorial, forma   categorial que descansa últimamente  en una intuición sensible.

 

Pero aunque lo  categorial descanse en lo sensible, surge de la   abstracción de todo lo sensible:  “Así como la lógica pura toda, también la aritmética pura, toda la teoría de la multiplicidad pura, en suma, la mathesis pura, en el más amplio de los sentidos, es pura en el sentido de que no contiene en todo su contenido teorético un solo concepto sensible”.[24]

 

Por eso el constructo de realidad que hacemos, mediante formas   categoriales, no es la construcción del arquitecto, no es el ensamble, obedece   a leyes, a una unidad intencional fundada “a priori”, en la esencia misma de los  actos.   Lo anterior no quiere decir que es a partir de la razón que ordenamos el mundo, en el sentido Kantiano.  A este nivel Husserl es muy claro, dice:   “Las funciones categoriales, aunque informan el objeto sensible, lo dejan intacto en su esencia real.  El objeto se aprehende  intelectualmente –pero no falseado-, por el intelecto y especialmente el conocimiento (que es el mismo una función categorial)”.[25]

 

Las leyes categoriales puras definen el campo de operación del entendimiento y son la esencia del mismo,  como estructura “a priori”  o anticipatoria de la conciencia y por eso dice Husserl que para ésto “no hace falta ninguna teoría metafísica, ni de otra clase, para explicar la concordancia del curso de la naturaleza con las leyes “innatas” del entendimiento; lo que hace falta no es, pues, una  explicación, sino el mero esclarecimiento fenomenológico del significar, del pensar, del conocer, y  de las ideas y leyes que tienen  su origen en estas actividades”[26]

 

Finalmente podemos afirmar que : La Fenomenología es todo lo contrario a una Teoría explicativa. No se propone explicar «nada» sino que se limita a «describir con pulcritud». Toma la actitud especulativa de manera radical, renuncia a la teoría hipotética. Es el acto del puro espectador. Cosa que no hace el positivismo, que fuerza la realidad para explicarla.

 

El programa del fenomenólogo es : ¡Llegar a las cosas mismas! y analizar lo que aparece. Superando estériles discusiones sobre la teoría del conocimiento, de finales del siglo XIX, la filosofía ha de volverse a lo que aparece, a lo que se da sin ninguna duda y que es el fenómeno. La fenomenología es la ciencia de los fenómenos.

 

[1] HUSSERL,Edmund. Investigaciones Lógicas. Madrid: Alianza Editorial  S. A, 1982, pág. 229

[2] SAL, Florencia artículo, Breve presentación de la postura fenomenológica, pág. 4

[3] Citado por Florencia Sal en su artículo, Breve presentación de la postura fenomenológica.

[4] HUSSERL,Edmund. Investigaciones Lógicas. Madrid: Alianza Editorial , S. A, 1982,pág. 250

[5] HUSSERL, Edmund. Op.Cit, pág. 606

[6] Referido por el profesor Guillermo Hoyos Vásquez seminario sobre Hurssel

[7] Ibiden , pág. 759

[8] SCHERER,  René. La fenomenologia de las invesstigaciones lógicas de Husserl. Madrid: Gredo, 1969,  pág.  275

[9] SCHERER, René, Op. Cit, pág. 282

[10] HUSSERL, Edmund. Op.Cit. pág. 619

[11] HUSSERL, Edmund. Op.Cit, pág. 622

[12] Ibiden,  pág. 626

[13] SCHERER, R. Op.Cit, pág. 282

 

[14] HUSSERL, Edmund. Op.Cit. pág. 637

[15] SHCHERER, R, Op. Cit, pág. 291

[16] HUSSERL, Edmund. Op.Cit, pág. 647

 

[17] HUSSERL , Edmund. Op.Cit, pág. 654

[18] Ibidem, pág. 683

 

[19] HUSSERL, Edmund. Op.Cit, pág. 685

[20] SHCHERER, R,  Op.Cit, pág. 302

[21] HUSSERL, Edmund. Op.Cit. pág. 705

[22] Ibidem, pág. 717

[23] Contenido intencional : Descripción de la realidad, y en virtud de esta descripción nos es posible percibir, desear,  recordar etc. 

[24] HUSSERL, Edmund. Op. Cit, pág. 733

[25] HUSSERL, Edmund. Op. Cit, pág. 644

[26] HUSSERL, Edmund. Op. Cit, pág. 744

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