Esta apertura espiritual debe comenzar con nosotros mismos, con la autoaceptación de nuestro ser, con el reconocimiento de nuestras debilidades y fortalezas y ser lo que verdaderamente somos, para que, en esta forma, aceptemos al otro y nos reconciliemos con su diferencia, por eso: Si cada uno es /El grupo es Y la organización es /El compromiso es de todos.