MAYO 68 FRANCÉS O EL ECO DE UNA REVOLUCIÓN

MAYO FRANCÉS DEL 68 O EL ECO DE UNA REVOLUCIÓN

Por: José Clareth Bonilla Cadavid

“(…) la historia de los conocimientos no obedece simplemente a la ley del progreso de la razón: no es la conciencia humana o la razón humana quien detenta las leyes de la historia. Existe por debajo de lo que la ciencia conoce de sí misma, algo que desconoce, y su historia, su devenir, sus episodios, sus accidentes obedecen a un cierto número de leyes y determinaciones”
Michel Foucault (1)

Corría la primavera del 68 y la ciudad de París vivía el escenario de uno de los acontecimientos que marcó la historia contemporánea de Francia y demarcó un cambio de comportamiento de la sociedad de Occidente y, en especial, de los latinoamericanos. Se conoce como “Mayo del 68 francés” y fue caracterizado con una sucesión de huelgas y protestas de trabajadores y jóvenes estudiantes.

Se expresó en propuestas que partieron de los movimientos estudiantiles y que se contagiaron a los sindicatos obreros generando una protesta jamás vista. Vamos a ubicarnos en el contexto de la década de los 60 y vamos a utilizar los historiales que son muchos, como un artefacto literario o de conmemoración, e identificar las causas con una serie de descripciones de los hechos, que han relatado profusamente en artículos, libros y documentos fotográficos, videos y hasta películas.

CONTEXTO DE MAYO DEL 68 FRANCÉS

En la década prodigiosa de los años 60 hubo muchos los acontecimientos que demarcaron el siglo XX, como: la Revolución Cubana, siendo un hecho a nivel mundial y latinoamericano, y la guerra de Vietnam que dividió la opinión norteamericana. Relatan que más de 90 ciudades protestaban por la guerra de Vietnam. Los jóvenes norteamericanos se manifestaban con la subcultura Hippie, la cual cuestionó la guerra de Vietnam y la pacata sociedad de EE.UU. Fue el tiempo de los pelos largos y la experimentación del LSD-25 y la marihuana; el surgimiento de los movimientos de la guerrilla en Latinoamérica, y la agitación de los estudiantiles. Con los adelantos tecnológicos, la radio y la televisión, en cualquier aldea se podía conocer lo que acontecía en otras latitudes: la muerte del Presidente Kennedy, el viaje a la Luna y el Mayo del 68 en París.

Mucho fue lo que aconteció, anidó y determinó nuestra vida en la década de los 60. Todavía reverberan en la memoria esquirlas de esa hecatombe, Mayo del 68, la famosa noche de Tlatelolco, el viaje a la Luna, los Juegos Olímpicos de Méjico donde el poder negro se expresaba con toda su magnitud. Era el tiempo del asombro, de la transformación de los espíritus. Mientras en Colombia todavía la técnica nos dejaba ejercer el nihilismo; el profeta Gonzalo Arango mandaba a la hoguera sus libros en el parque Cayzedo de Cali; Amílkar U. decía que la vida era una fiesta, y en una fiesta no se trabajaba, a lo que nosotros exclamábamos, al igual que el poeta: “Realidad, Realidad no nos abandones para soñar mejor el hondo sueño”.

Fieles a su espíritu, nuestros jóvenes y sus asombradas conciencias asistieron a una revolución histórica, en la cual se tomaron como propios los elementos culturales de la época a la manera de una nueva ilustración. Cambiamos nuestras costumbres y las propias formas de percibir el mundo. Reemplazamos los viejos paradigmas que nos mantenían presos a las costumbres pueblerinas por otros nuevos. Así fue como dejamos atrás las viejas canciones que nos hablaban del desencanto y del despecho, por unas nuevas más románticas que nos hablaron del amor y la alegría. Fueron los tiempos de Rubén Blades en la Universidad de Panamá y su salsa, Héctor Lavoe, Serrat, Luisito Rey, el Rock and Roll y otros sones abiertos más al infinito que a la nostalgia andina.

Por fortuna, desde nuestra adolescencia, conjuramos a los destructores de utopías y reclamamos que la realidad nos dejará construir lo imposible. Preferimos el amor a la guerra y, al igual que en Mayo del 68, pregonábamos: “Hagamos el amor y no la guerra”. Mayo del 68 dejó́ una huella extraordinariamente profunda en el siglo XX, de la cual la sociedad de comienzos de siglo XXI no ha encontrado todavía una salida. Ernest Bloch ganador del Premio Nobel de La Paz de 1967 decía que: “El nihilismo y la metafísica de la esperanza, eran las únicas alternativas de nuestro tiempo”. Por eso propuso el espíritu de la esperanza y el espíritu de la utopía como principios rectores de la historia individual y social.

Se dice que la década de los años 60 fue de los jóvenes y de la mujer en el Primer Mundo, de los derechos de los negros en los EE.UU., de la independencia de África, de la guerrilla de liberación en América Latina y de la puesta al día de la Iglesia Católica Romana, del cuestionamiento al sistema educativo por los jóvenes europeos, del pensamiento y la capacidad organizativa de mujeres como Simone de Beauvoir. El segundo sexo, entre otras, Helen Gurley Brown, editora de Cosmopolitan y autora de El sexo y la chica soltera, o como Betty Friedan que imaginó una nueva mujer en su libro La mística femenina. Y los hippies con su libertad sexual, su comunitarismo, y su rechazo a lo establecido. En general, surgió una nueva sensibilidad sobre el amor, el sexo, la familia y los valores.

CRONOLOGÍA DE LA RESONANCIA DE UN ECO DE MAYO DEL 68

En Alemania en el año 1967, en la Universidad Libre de Berlín, el filósofo Herbert Marcuse agitaba a los estudiantes: “Está en juego la vida de todos. La creciente producción es creciente destrucción y creciente despilfarro”.

Mientras en Francia, descontento generalizado de la clase trabadora, bajos salarios y aumento de la pobreza, y un ejercicio del poder derechista por el Presidente De Gaulle; mientras las colonias pedían la independencia, las influencias de las protestas en distintos países, como México, España, Alemania y países americanos, hacían más crítica la crisis de la resonancia de los ecos de Mayo del 68 en París, y los estudiantes de La Sorbona pedían una reforma estructural de la educación.

El espíritu de la época invitaba a un cambio. En Norte y Suramérica la juventud y la sociedad reclamaban. Europa salía de la posguerra, y en muchos países el “espíritu de la época” circundaba los pueblos y el deseo de cambio contagiaba a los jóvenes.

“Los años 60, supusieron un gran cambio en la política europea, se comienzan a cuestionar la necesidad de las dominaciones europeas. Las colonias de África, Asia y América y su sistema de gobernación comienzan a ser increpadas por parte de la sociedad. La Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam, los movimientos izquierdistas que comienzan a aflorar en el continente Sudamericano, provocan una clara reacción de repulsa” (2).

A la guerra y la posterior independencia de Argelia de Francia, se sumaron los acontecimientos que poco a poco aumentaron los movimientos estudiantiles y de trabajadores, que comenzaron con pequeñas escaramuzas. Los mineros, el desempleo, la pobreza absoluta y el descontento social se percibían, y llegó el momento de los estudiantes y algunos intelectuales de izquierda, que anidaron las manifestaciones y barricadas de Mayo del 68.

LAS BARRICADAS Y LA VOZ DE MAYO DEL 68

Los cronistas relatan que el viernes 3 de Mayo de 1968, un grupo de estudiantes se reunió en la Plaza de La Sorbona, dentro del histórico Barrio Latino, para protestar en contra del sistema universitario. El líder estudiantil Cohn-Bendit fue detenido el día 3, y el 4 de Mayo se cerró La Sorbona. Los estudiantes lanzaban proclamas de exaltación de la vida, la libertad y la imaginación y el rechazo a la autoridad y a las jerarquías.

Estos hechos generaron una convocatoria aún mayor, siendo miles de estudiantes y trabajadores los que protestaban y hacían huelga. Esto provocó un enfrentamiento con la policía bajo las órdenes de Charles de Gaulle.

“El resultado fue terrible, dado que se generó́ una batalla campal contra la policía y posteriormente una huelga general de estudiantes y diez millones de trabajadores franceses, paralizando el país por completo y siendo impulsadas por los obreros principalmente obligando a la Confederación General del Trabajo (CGT) a secundar el paro, a pesar de su primera oposición” (2).

Cerca de un millar de arrestos e igual número de heridos aumentaron la protesta. Era el comienzo de lo que más tarde sería la voz de Mayo del 68.

Se levantaron los adoquines y construyeron barricadas como trincheras. Los trabajadores se fueron anexando a la protesta y fue el 13 de Mayo cuando aparecieron pintadas las paredes de La Sorbona. Los estudiantes de Bellas Artes decoraron banderas “rojinegras” con retratos de Marx, Lenin, Mao, Fidel Castro y el Che Guevara bajo el eslogan más representativo: Interdit d’interdire (Prohibido prohibir).

Varios intelectuales profesores de La Sorbona, como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Michel Foucault y Herbert Marcuse en Alemania con el texto El hombre unidimensional, son proclamados a voces por los estudiantes.

Fueron muchos los eslóganes e historias y arengas que han trascendido los años, como: “la imaginación al poder”; “hagamos el amor no la guerra”, refiriéndose a Vietnam. En la Escuela de Bellas Artes se encargaron a crear afiches, con una intencionalidad de propaganda de izquierda, frente a los sectores de derecha que defendían el poder.

Los trabajadores se tomaron las siderúrgicas, las fábricas de aviones y ferroviarios, los trenes y la Renault, y los trabajadores por encima de los sindicatos convocaron a un paro general el 23 de Mayo. Ese día De Gaulle expulsó al líder Daniel el Rojo, que era de nacionalidad alemana, y lo expulsó por 10 años. Daniel Cohn-Bendit, quien fue el líder más destacado de Mayo del 68, hoy es eurodiputado por los ecologistas alemanes.

“En realidad Mayo del 68 comenzó en marzo de 1967, cuando el ministro de la Juventud y el Deporte, François Missoffe, recibió en Nanterre un grandioso abucheo y mantuvo un tenso diálogo con el estudiante Daniel Cohn-Bendit, apodado Dani el Rojo tanto por sus ideas como por el color de su pelo. Después de varios meses de tensión, la gran revuelta tomó cuerpo el 22 de abril de 1968, cuando Cohn-Bendit y su grupo decidieron ocupar Nanterre para protestar contra la detención de varios estudiantes acusados de atentar con explosivos contra empresas norteamericanas en la capital francesa. El día 28, el decano ordenó el cierre de la facultad y los estudiantes respondieron boicoteando los exámenes parciales y enfrentándose con sus compañeros de derechas, que habían calificado la ocupación de Nanterre de terrorista” (3).

Al finalizar mayo, el país estaba paralizado y se escuchaba la caída del Presidente De Gaulle. El “29 de mayo un cuarto de millón de franceses desplegados entre La Bastilla y la Estación de Saint-Lazare demanda la caída del gobierno: “¡De Gaulle, asesino!, ¡Que se vaya el viejo!” (4).

La agitación se trasladó al mundo obrero y hubo numerosas huelgas, pero los sindicatos terminaron rechazando las propuestas estudiantiles. Al final, Pompidou negoció con los sindicatos y los estudiantes volvieron a las aulas. Mayo del 68 fracasó como revolución, pero muchas de sus ideas, el reconocimiento de los derechos de la mujer, la liberalización de las costumbres, la democratización de las relaciones sociales y generacionales, fueron asumidos por la sociedad.

Tras de un mes de protestas y una secuencia de huelgas, que literalmente frenaron el país, se logra la calma mediante la esperada disolución de manifestaciones en el momento en que se obtuvo una promesa acompañada por mejores salarios y condiciones para los trabajadores. De este modo, se lograron remover completamente las huelgas que representaron el sentimiento de rebeldía y en parte anarquismo de los manifestantes.

MAYO DEL 68: UN ECO EN LA SOCIEDAD LÍQUIDA

Los más estudiosos y escépticos programaron “el fin de la historia”. Con cada celebración de Mayo del 68, se preguntan: ¿cuál es el legado de Mayo del 68?, o incluso de manera más utilitarista; ¿qué dejó? ¿Qué nos queda de él? Los acontecimientos de Mayo y los años 60 no dejaron ningún hecho factible para los pragmáticos, solo los heridos, los adoquines y muertes de la guerra. Los gobiernos andan en una democracia líquida, no se ha logrado un cambio económico y mucho menos una revolución. Los cambios exigidos perduran en el tiempo: una sociedad más excluyente, el no a las guerras y a los tiranos, el no al racismo, el sí al feminismo y a la diversidad y los comportamientos sexuales, en especial el reconocimiento de los jóvenes.

Los cambios tecnológicos como la informática y la computación e inteligencia artificial, no escuchan el eco ni la herencia dejada, y mucho menos la importancia que tiene Mayo del 68 y “la época asombrosa de los años 60”.

Desde ese tiempo, podemos decir que los fundamentos de la “modernidad” fueron cuestionados: la forma de expresarse un sector estudiantil universitario y beligerante, el rol de la mujer como sujeto sexual y el nacimiento del movimiento feminista, la diversidad sexual, la pluralidad de pensamiento y la intercultural. Se cuestionó el capitalismo como expresión de sociedad de consumo y se reconoció el deterioro del medio ambiente y la necesidad de una conciencia ecológica.

Muy a pesar de concederse a Mayo del 68 un comportamiento estudiantil cultural con “rabia” y expresión anarquista, no hubo revolución e ideales de un cambio rebelde y político. Se cuestiona como un acontecimiento cultural, ya que después de negociados los sindicatos de París, las protestas estudiantiles de Mayo se quedaron calladas, y meses después De Gaulle salió con fortaleza.

“Cuando decayó la fiebre de mayo del 68, el orden se restableció. El general De Gaulle ganó cómodamente las legislativas francesas en junio. Los blindados soviéticos dieron por terminada la primavera de Praga en agosto. Richard Nixon fue elegido presidente de Estados Unidos en noviembre” (4).

Mayo del 68 nos deja una utopía de movimientos sociales, experiencia tan necesaria en estos tiempos, con ciudadanos como sujetos de derechos, que hoy deben ser reclamados y si es preciso exigen la acción. Ya no se trata de luchas problemáticas de izquierda, son ciudadanías que exigen los reclamos ante el Estado. Reclaman la participación de todos, dentro de un ejercicio ético y de construcción de ciudadanía.

Es mucha la información y análisis de Mayo del 68. Considero que la trascendencia de la conmemoración de 50 años de lo acontecido, al igual que el valor histórico de la “década prodigiosa de los 60”, son de un valor histórico que seguirá agotando los titulares de los periódicos. La sociedad líquida de las redes sociales y sus afanes miran con desdén la historia.

Hoy, hablamos de un mundo que se pierde en el nihilismo, en una sociedad en crisis, perdida en el laberinto de las redes sociales y en una era de la información, donde los valores se han diluido. La verdad quedó en entredicho y al borde del abismo de la hecatombe por los líderes que se han apartado de los valores y del sentido de humanidad.

Como bien dije al comienzo, los relatos e historiales sobre Mayo del 68 son una estrategia literaria par tener “conciencia histórica” de lo acontecido y conmemorar 50 años. Muy a pesar de los que pretenden desconocer su importancia, y que sostienen que el “fin de la historia ha muerto”, todavía se escucha el eco de Mayo del 68.

BIBLIOGRAFÍA

1) Foucault responde a Sartre. [Entrevista con Jean-Pierre El Kabbach. La Quinzaine littéraire, núm. 46, marzo 1968, p. 20-22. En Saber y verdad, Las ediciones de La Piqueta, 1985.
2) EL MAYO FRANCÉS 68 Por Marimar. Recuperado de https://sobrehistoria.com/wp-content/uploads/mayofrances.jpg
3) Cohn-Bendit, Dani el Rojo, lideró la Revolución de Mayo del 68 en las calles de París. Hoy es eurodiputado por los ecologistas alemanes.
https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/cohn-bendit-dani-el-rojo-311460104330
4) Vientos del Cambio en Mayo de 1968. París, mayo, 1968: la fiesta de la libertad Escrito por LA JORNADA. Recuperado de: https://www.desdeabajo.info/mundo/item/11327-vientos-del-cambio-en-mayo-de-1968-par%C3%ADs-mayo-1968-la-fiesta-de-la-libertad.html

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