LA SOLIDARIDAD COMO ACCIÓN ÉTICA Y UN SENTIDO HUMANO DE VIVIR

Por: José Clareth Bonilla Cadavid.

“Formar en la solidaridad, en la comprensión de lo que implica vivir en un mundo interdependiente y en la corresponsabilidad que todos tenemos -en nuestra vida cotidiana, hábitos de consumo, nivel de renta para lograr un mundo más justo e igualitario implica construir actitudes personales y proyectos sociales cooperativos y emancipadores. Por ejemplo, potenciar desde la escuela la creación de un proyecto solidario desde la realidad y para la realidad, evitando la sensación de impotencia e inutilidad. No únicamente se tratará de sensibilizar, abrir conciencias, generar comprensiones críticas de la situación planetaria sino de ayudar a las personas a que sean conscientes de su propia capacidad para influir en la toma de decisiones de la sociedad, a nivel local, nacional e internacional.” (Victoria Camps habla de Solidaridad.) (1)

Existen palabras que, por su uso indiscriminado, empiezan un ciclo de uso, se van gastando y envejeciendo, hasta que pierden su dimensión conceptual. En nuestro caso particular, eso es lo que le pasa a la virtud de la solidaridad.

“Estamos ante una palabra de uso frecuente hoy. Y, como ocurre con términos que se ponen de moda, su significado se diversifica, pero también su contenido se devalúa y hasta se banaliza. Por otra parte, el recurrir a él tan reiteradamente, nos está indicando que está en juego algo a lo que la sociedad se ha hecho muy sensible. Por estas razones conviene comenzar puntualizando de qué solidaridad estamos hablando”. (Victoria Camps habla de Solidaridad. (1)

La solidaridad como condición de la justicia y necesidad fundamental del ser humano, no podemos confundirla con la caridad. Es una compensación de la justicia, el reconocimiento del otro y la convivencia del ser humano. Hablamos condición o compensación de lo que es justo y no la caridad de la que hablan en sus discursos el Presidente y sus ministros, son típicos limosneros que reparten mercados o envían limosnas.

“La solidaridad es condición de la justicia y es compensación de muchas injusticias. Si no hay buena disposición hacia la justicia, hacia descubrir las necesidades fundamentales por parte de los individuos y los colectivos, la justicia se estanca. Si quiere desarrollarse la justicia, debe basarse en la solidaridad. La solidaridad es una compensación de la justicia, ésta solo atiende a lo general, la Ley es para todos”. 

(Victoria Camps habla de Solidaridad. (1)

La actitud de los gobernantes y políticos, ejerce la corrupción, porque no tienen en cuenta que los derechos, son la retribución de los ciudadanos a la vida, a la salud y a una vida justa, humana. Por el contrario, los gobernantes y políticos consideran las ayudas económicas y mercados, como hechos de caridad, de esa forma, usufructúan la empresa y la clientela  política. “Hay que tender los brazos de la solidaridad a los más desposeídos, a los que no ven reconocida su categoría de ciudadano o de persona. La virtud de la solidaridad debe extenderse a todos los niveles: de lo más privado a lo más público.

La solidaridad es el fruto de las relaciones de reciprocidad e igualdad entre dos o más personas en orden de alcanzar el bienestar personal o los beneficios comunes que serían imposibles de lograr si se intentara de forma individual. Su práctica se presenta de dos formas: directa o indirecta. La forma directa promueve el ejercicio de la solidaridad como una institución, mientras que de forma indirecta consiste en la concurrencia de varios elementos que, de forma conjunta, demuestran la presencia solidaria. Estos elementos se clasifican en externos (objetivos) e internos (subjetivos). El primer grupo lo constituyen criterios como la unidad asociativa, colaboración, que ha generado la “era de la información”, ha fragmentado la urdimbre de la sociedad y ha dejado al ser humano, en la soledad de las redes sociales, redes donde se siembra el odio y el miedo y la desolación de los más excluidos, que han adoptado como forma de vida el miedo y el desamparo como forma de vida. 

El miedo y el desamparo como bien lo expresa Bauman el sociólogo y filósofo polaco, que murió a comienzos de este año, es una situación problemática. “El miedo es más temible cuando es difuso, disperso, poco claro; cuando flota libre, sin vínculos, sin anclas, sin hogar, ni causa nítidos; cuando nos ronda sin ton ni son; cuando la amenaza que deberíamos temer puede ser entre vista en todas partes, pero resulta imposible de ver en ningún lugar concreto”. (5)

LA INCERTIDUMBRE, EL RIESGO Y EL MIEDO QUE PADECEMOS

Estamos asistiendo a un cambio de época, donde la incertidumbre y la inseguridad han invadido nuestras ciudades. Las redes sociales, los adelantos científicos y biotecnologías cambiaron nuestra vida. En las ciudades modernas la incertidumbre y la inseguridad han hecho más vulnerable la vida. Vivimos cada momento en situación de riesgo.

Hablamos del Ser, de los ciudadanos con todo el patrimonio natural: el agua, las cuencas hidrográficas base de la vida, nuestro medio ambiente, la diversidad de nuestra flora y fauna, caracterizada como de “media montaña Andina”, y de una ciudad sin riesgos en las laderas, pero con un patrimonio histórico, cultural que hoy dejamos diluir, por la falta de procesos de planeación responsable, dejando a sus habitantes en el desasosiego como bien lo dice Bauman. 

Cuando en situaciones de incertidumbre, el miedo y la crisis agotan a los habitantes de este planeta, se genera la pandemia a nivel mundial; los países e instituciones del orden entero como la ONU y la OMS (Organización Mundial de la Salud), todos los días, demarcan las orientaciones de la epidemia. Muy a pesar de todos los esfuerzos para hacer los estudios epidemiológicos sobre el Virus Coronavid-19, cada día, hacen nuevas recomendaciones sobre el comportamiento y la salud.

La crisis del coronavirus que padecemos con un miedo como estado emocional, generado por la percepción de un peligro o amenaza próxima, que no puede ser pospuesto. Hace que el mundo se detenga, que todo el resto entre en un compás de espera, hasta que ese peligro sea resuelto de alguna manera.

Hoy podemos hablar de lo que llama Hegel el ‘espíritu de la época’; ese espíritu que nos embarga al ser en este momento crítico de nuestra existencia, una especie de incertidumbre y desasosiego que a cada momento nos asecha y ronda sobre nosotros. 

“Pero si el miedo es una reacción ante las amenazas del mundo, la angustia es una reacción ante las amenazas de la mente y de la imaginación. Hace evidente el misterio del mundo, aviva la memoria y sus fantasmas, revela la eficacia de lo invisible, el poder de lo desconocido”. (6)

El texto de Bauman sobre el “Miedo” comienza:

“Extraño, bien que muy habitual, amén de familiar a todos nosotros, es el alivio que sentimos y la súbita irrupción de energía y valor que nos invade cuando, tras un largo período de desasosiego, ansiedad, oscuras premoniciones, días de aprensión y noches sin dormir, conseguimos finalmente enfrentarnos al peligro real”.

Esa amenaza es la que podemos ver y tocar, se trata de un texto que todos debemos leer, para comprender un poco cuando en los medios de comunicación anuncian la esperada “vacuna política”, que anuncian en las redes sociales y nos dan alivio, escuchemos mejor a Bauman: 

“El único comienzo prometedor para una terapia contra el miedo que crece y, en última instancia, nos incapacita es ver más allá de él, hasta lo más hondo de sus raíces, porque el único modo prometedor de continuar dicha terapia, pasa por enfrentarse a la tarea de arrancar esas raíces”. (5)

El teólogo Hans Küng gran teólogo sueco, en su exposición en la “Ética mundial” nos advierte sobre lo necesario que resulta llegar a un consenso para todos, ‘respetemos la vida’, luchemos para que logremos todos una vida más digna, este es el clamor en el que todos debemos comprometernos. 

“El siglo que nos espera podría perfectamente ser una era de catástrofe definitiva. Pero también podría ser una época en la que se negociase un nuevo pacto entre los intelectuales y el pueblo, entendido ahora como la humanidad en su conjunto y se le diese vida”. (5)

Los sentimientos como la incertidumbre y el temor frente a las amenazas más latentes, hace emerger el miedo. Ciega la conciencia en un círculo vicioso que paraliza nuestro cuerpo y mente, vemos que poco a poco se van cerrando los caminos y oscurecen los horizontes, el miedo es el nombre que damos a nuestra incertidumbre: a nuestra ignorancia con respecto a la amenaza y a lo que hay qué hacer, o lo que puede y no puede hacerse para detenerla en seco, o para combatirla, puesto que pararla es algo que está ya más allá de nuestro alcance.

“Por eso hablamos de solidaridad ante la crisis: porque reconocemos los hechos, al tiempo que invitamos a profundizar en ella. Pero hablamos también de crisis de la solidaridad: porque la crisis ha generado al mismo tiempo reacciones de insolidaridad e incluso, ha sido un estímulo para justificarla”. (7)

Muchos valores han perdido su fundamento racional, de ahí que es posible hablar de unos valores comunes:

  1. Se debe reivindicar el sentido de virtud como actitud, costumbre, hábito, la moral de normas, deberes, código de derechos fundamentales. Se debe hablar de un estilo de vida como de segunda naturaleza, se debe recuperar la moral como praxis, manera de ser y de hacer.

2. Las cosas que interesan a la moral son las que les interesan a todos, por eso se habla de virtudes públicas. Las virtudes son cualidades privadas, pero se proyectan en calidad colectiva, por tanto, también son públicas. A la moral le interesa la felicidad pública, esta es colectiva.

Se debe corregir a la moral como perfección de la persona, porque es más un estilo de vida. El llevar una vida con virtudes es llevar una vida decente. La virtud pública contrarresta la moral como una vida privada que no tiene un beneficio público.

La tarea del sector educativo, es educar a los alumnos sobre la realidad que nos asiste, y realizar una pedagogía para que logremos una cultura de promoción de la salud, o sea, el principio fundamental ético del auto cuidado, con principios de higiene y la evitación de los actos inseguros y las condiciones ambientales peligrosas, los cuales se complementan con acciones de prevención de entidades de la salud (EPS, e instituciones de salud y entidades del estado. Por eso, ‘Esta hora de miedo necesita ideas poderosas y liderazgos discretos, fortalecer a las comunidades y no a los dirigentes; pero a las comunidades no se las fortalece con sobornos de adulación, sino haciendo resplandecer ante ellas la certeza de su importancia como protagonista de cambios profundos’. (5)

El profesor Guillermo Hoyos Vásquez nos enseñó, cuando habló de la ética civil, nos insistió que estos modelos críticos, son el papel de la sociedad civil, organizada y dispuesta a reivindicar sus derechos y sus deberes; en estos días se preguntaba quiénes fueron los que ganaron las batallas, si no lo son los soldados; quienes fueron los académicos e intelectuales, los que crearon los avances del conocimiento, sino los estudiantes emprendedores, en síntesis, los cambios y revoluciones son obra de los ciudadanos. 

El ser humano, en sus relaciones con el entorno, está en cada momento que transita por la Tierra, construyendo realidades que pueden ser económicas o sociales, y en su integración con los otros, construye mundo como realidad simbólica de significantes y significados. El territorio es el lugar donde estas realidades son posibles.

Lo anterior, nos compromete a pensar que el componente del Ser es trasversal a los otros componentes. En nuestro ejercicio de civilidad, estamos pensando en un modelo de ocupación del territorio, para una ciudad del siglo XXI, para un ciudadano que pueda sentirse bien en el territorio, y que el territorio le ofrezca las oportunidades de vencer sus miedos, de ejercer la ciudadanía en el pleno sentido de la palabra. Como lo hemos enunciado en este documento, un ciudadano que ejerza plenamente sus derechos y sus deberes, que sea autónomo en sus decisiones políticas. Un ser consciente de la solidaridad, la pluralidad, el respeto y el reconocimiento del otro como su semejante.

“Nuestro principal problema, nuestro problema realmente esencial, es librarnos del miedo. ¿Saben lo que el miedo causa? Ofusca la mente. La insensibiliza. Del miedo brota la violencia (…). En tanto exista el deseo de ganar, de realizarse, de llegar a ser – en cualquier nivel que sea, habrá inevitablemente ansiedad, dolor, miedo (…). El propósito de la educación es el de erradicar, tanto interna como externamente, este miedo que destruye el pensamiento humano, la relación humana y el amor” (J. Krishnamurti).

Con la pedagogía de la sociedad civil, renace la civilidad, como a mediados del siglo XX donde la virtud cívica y la educación ciudadana. Preguntamos: ¿Tenemos la capacidad de anticipar esos cambios? ¿Cómo podríamos moldearlos para beneficio de la humanidad? ¿En medio de la actual crisis tenemos la oportunidad de concebir el mundo de otra manera? ¿Cómo será en términos de las instituciones de gobierno, la economía y el medio ambiente? 

El Sociólogo y filósofo polaco más destacado del momento y que falleció a comienzo de año (2017), Zygmunt Bauman. En un texto póstumo publicado en Marzo, Editorial Paidós, titulado “Retrotopía” (Una crónica lúcida e incisiva sobre la nostalgia por un pasado que no siempre fue mejor), dice: Se trata de una epidemia, yo diría pandemia global, de la soledad e incertidumbre que padecemos en una sociedad líquida, que socava la base de una sociedad ilustrada, donde la inmediatez de lo que acontece nos hace perder la fe en la construcción de un futuro mejor, condenándonos como a Dédalo padre de Icaro, a vivir en el laberinto de los recientes adelantos técnicos de las redes sociales y una “comunicación”, muchas veces, tendenciosa, que masifica la comunidad de usuarios, ocultos e incógnitos en sus opiniones mal intencionadas, que tienen en jaque las plataformas como: Facebook, Twitter, Google y otras más.

Se argumenta que una epidemia global de nostalgia, arrastra tras de sí, un anhelo de rescatar la memoria colectiva y un regreso a los orígenes, dentro de una sociedad fragmentada, que ha hecho desaparecer la esperanza de un mundo mejor, para poder rescatar las riendas de la historia, en tiempos donde “el Ángel de la historia ha girado 180 grados”.

Un volver a los principios, como la solidaridad “hoy no hay racionalidad, ni solidaridad, solo competitividad sin piedad”. Hay que volver al nosotros y lograr proporcionar un futuro más seguro a los jóvenes, nuestra sociedad es “más individual y desregularizada, y eso hace crecer la insolidaridad”.  No hay que olvidar como lo expresó Eduardo Galeano: “el ejercicio de la solidaridad está ligado al ejercicio de la humildad, dos virtudes pilares del humanismo”.

Estos apartes del libro RETROTOPÍA, oxigenan el espíritu, en estos momentos críticos por los que pasa la sociedad a nivel global, hay que hacer un llamado para que entre todos logremos que el cambio del modelo social, sea menos drástico y se inspire en la solidaridad, el respeto por el otro, en contra del individualismo y del culto a la inmediatez, que quiere imponer esta nueva era de la información.

Estando de acuerdo con Oscar Wilde, cuando dice que el progreso es “realización de utopías”, entre todos, soñemos para que el camino de vuelta a la Aldea sea posible. 

“(…) Los habitantes humanos de la Tierra nos encontramos (más que nunca antes en la historia,) en una situación de verdadera disyuntiva: o unimos nuestras manos, o nos unimos a la comitiva fúnebre de nuestro propio entierro, en una misma y colosal fosa común”. Zygmunt Bauman 2017.

En este momento nuestra juventud desconoce la solidaridad, la pedagogía de las ‘redes sociales’, les habla de inmediatez y la competencia de un mundo hedonista, un mundo que desconoce el reconocimiento del otro, como su semejante, ajena del papel de los ‘valores y virtudes’ cívicas que nos habla Hans Küng y el profesor Vásquez.

La solidaridad: “La solidaridad es condición de la justicia y es compensación de muchas injusticias. Si no hay buena disposición hacia la justicia, hacia descubrir las necesidades fundamentales por parte de los individuos y los colectivos, la justicia se estanca. Si quiere desarrollarse la justicia, debe basarse en un sentimiento de solidaridad (…). La solidaridad es una compensación de la justicia, esta solo atiende a lo general, la ley es para todos (…). La solidaridad social es horizontal, es decir, se ejerce entre iguales, de modo que implica un espíritu de colaboración desinteresado que dinamiza las relaciones entre los individuos de una comunidad”.

El ser humano por su sentido ético y por la filantrópica del mundo, el cual está ligado al sentimiento de compasión y empatía para con los semejantes en sus necesidades, penurias o sufrimientos y es lo que da sentido al humanismo; no podemos confundirlo con altruismo o generosidad de los generosos y magnánimos, o limosnas a los pobres y menesterosos. 

La solidaridad social tiene una dimensión política, la obligación del estado y el carácter ético de las políticas sociales que comprometen a los ciudadanos a ejercer la justicia del derecho de una vida digna tanto para sí mismo, como para sus semejantes. Debemos construir una sociedad donde la justicia, la dignidad y la igualdad sean bienes comunes fundamentales.

BIBLIOGRAFIA.

  1. La solidaridad. Victoria Campus:  https://www.march.es/recursos/multimedia/conferencias/mp3/1899.mp3?v=197491804
  2. La responsabilidad: https://www.march.es/recursos/multimedia/conferencias/mp3/1900.mp3?v=197491805
  3. La tolerancia:  https://www.march.es/recursos/multimedia/conferencias/mp3/1901.mp3?v=197491806
  4. Las emociones morales. La construcción social de la autoestima: https://www.march.es/recursos/multimedia/conferencias/mp3/2659.mp3?v=197490854
  5. Bauman Zygmunt. Miedo líquido. La sociedad contemporánea y sus https://www.librosdemario.com/miedo-liquido-leer-online-gratis.
  6. Coronavirus: del miedo a la esperanza, por William Ospina     https://www.elespectador.com/coronavirus/coronavirus-del-miedo-la-esperanza-por-william-ospina-articulo-909303/
  7. SOLIDARIDAD ANTE LAS CRISIS. Crisis de solidaridad. Reflexiones y propuestas desde la Compañía de Jesús en España para fortalecer la solidaridad ante la crisis. 

Reflexiones: 

1/ A educar a vuestros alumnos y alumnas de las distintas etapas educativas en la solidaridad como eje central de nuestro proyecto

Impulsando la sensibilización y el compromiso con el bien común, tanto de un modo transversal, como con acciones específicas, para que lleguen a ser personas conscientes, competentes, compasivas y comprometidas.

2/ A hacer más presente en nuestra investigación académica y en nuestra actividad intelectual, el servicio del bien común, con especial atención a los problemas de los más desfavorecidos.

3/ A impulsar prácticas inclusivas en el conjunto de nuestra acción educativa, revisando la coherencia social de nuestros centros educativos, universitarios y de formación no reglada.

4/ A intensificar nuestra tarea de acompañar, servir y defender a las personas y grupos más vulnerables de nuestro mundo y de nuestra sociedad, sobre todo cuando carecen de voz pública para defender sus derechos más elementales.

5/ A promover en la comunidad cristiana en general, y en la familia ignaciana en particular, una reflexión a partir de este documento que lleve a un compromiso renovado y una mayor participación en el bien común.

Y también como comunidades y personalmente, como jesuitas y personas laicas que nos senti- mos parte de la familia ignaciana, nos queremos comprometer a:

6/ A impulsar verdaderas comunidades de hospitalidad y a cuidar la solidaridad en nuestras comunidades.

7/ A suscitar dinámicas de colaboración solidaria en el marco de nuestras Plataformas Apostólicas Locales.

8/ A tejer alianzas con otros grupos y sectores para impulsar una salida solidaria a la crisis.

“CONTEXTO HISTÓRICO DE LAS PANDEMIAS. 

Una epidemia es una enfermedad que afecta a un determinado grupo humano en un ámbito temporal concreto, una endemia es una enfermedad que se asienta de forma permanente en un grupo humano determinado, mientras que una pandemia es una epidemia que afecta a un área mucho mayor, como un continente o incluso el planeta entero, como puede ser el sida y el cornavid 19. en nuestros días.

“La peste de Atenas. Fue la plaga más devastadora del mundo griego Peste justiniana. El emperador Justiniano también padeció una terrible plaga que pudo originarse en Egipto. Peste bubónica o peste negra. La gran epidemia de la Edad Media fue la peste negra, que asoló todo el continente europeo desde mediados del siglo XIV. La viruela. Introducida por los conquistadores españoles en América, la viruela funcionó en el nuevo continente como una auténtica plaga y fue un aliado esencial de Hernán Cortés en la caída de Tenochtitlán. El cólera. Esta epidemia de origen asiático llegó a Europa en 1830 y causó 30.000 muertes en Londres. El escorbuto. Esta enfermedad era endémica en los viajes transoceánicos y también en los países del Norte durante la Edad Media, de donde viene su nombre. Fiebre amarilla. Si los españoles llevaron a América la viruela, sucumbieron allí con frecuencia de fiebre amarilla. La sífilis. Sus primeras referencias se remontan al Renacimiento y el organismo que la causa es el Treponema pallidum. La polio. La poliomielitis se conoce desde hace tres milenios, aunque su vacuna tenga poco más de medio siglo y hasta entonces se haya mostrado con persistencia en todos los continentes, sin distinción entre pobres y ricos. La malaria. La malaria o paludismo mata a día de hoy a más de medio millón de personas al año, principalmente en África. Gracias al DDT desapareció de Europa, donde era endémica en países como Grecia o Italia. El sida. Comenzó oficialmente en junio de 1981 cuando se atribuyó a cinco casos de neumonía en Los Ángeles y a otros casos de sarcoma de kaposi”.

Jose Clareth Bonilla Cadavid

 

 

 

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